—¿Dónde está? —preguntó Lydia con evidente confusión.
Lydia seguía buscando a la chica con la que acababa de hablar. Al salir del área de los baños, redujo el paso, aún un poco agitada, como si hubiera dejado una preocupación junto a los baños. No un objeto. No un sonido.
Una sensación. No lograba librarse de ella. Lo que más la inquietaba era la imagen de Naomi, empapada, con la cabeza gacha, soportándolo todo en silencio. No podía dejar de pensar en ella.
—¿Y si se enferma? —murmuró Lydia, sin