La mañana llegó en calma.
El desayuno transcurrió en un silencio extraño; no era incómodo, pero tampoco relajado. Solo se escuchaban los cubiertos, acompañados de vez en cuando por alguna respiración profunda, pero no hubo una verdadera conversación.
Lydia miraba su plato más que a Cale. No era falta de apetito. La abrumaban demasiados pensamientos y preguntas que no podía hacer con libertad.
Mientras tanto, Cale… Parecía de lo más tranquilo. Se mostraba tranquilo y controlado, como si no quedar