Lydia parpadeó, todavía intentando recobrar el aliento.
—¿Qué...?
Cale volvió a inclinar la cabeza y esta vez le dio un beso en los labios, breve, pero de algún modo aún más inquietante.
—¿Quién te dijo que te pusieras así de hermosa esta noche? —continuó en voz baja.
A Lydia se le escapó una risita, aunque el corazón le latía descontrolado.
—Esa no es razón para...
Él no la dejó terminar.
Cale volvió a besarla, esta vez brevemente, pero bastó para aturdirla un instante. Sus manos se aferraron a