El rastro de humedad que ella dejó siguió ese camino. A propósito. Porque sabía que aquel rastro lo excitaría aún más.
Los movimientos de Lydia seguían siendo pausados. A ratos se detenía, como si ella misma saboreara el momento, antes de seguir y dejar que las caricias de él exploraran la calidez de su piel.
Incluso a través de la tela delgada, Lydia sintió que empezaba a perderse, atrapada en la creciente marea de sensaciones. Un sonido quedo, contenido, se le escapó de los labios mientras ech