Vanessa lanzó su bolso de mano con cristales incrustados sobre el sofá. No le importaba si se rompía o si las piedras se esparcían por el suelo; que así fuera. Se dirigió furiosa hacia el bar, tomó una botella de champaña, llenó una copa a la mitad y se la bebió de un solo trago furioso.
—¡Maldita sea! —escupió, estrellando la copa contra la barra.
Comenzó a caminar de un lado a otro por la lujosa sala de su departamento, mientras sus tacones resonaban. Su expresión era una tormenta de furia e i