Lydia se quedó en silencio varios segundos después de escuchar las palabras de Cale.
La mano con la que aún le masajeaba la sien se quedó quieta. Dejó que volviera a incorporarse a su lado. Aun así, Cale no dejó de mirarla, como si necesitara dejarle algo claro.
Ahora que él estaba bien despierto, lo miró fijamente, incrédula.
—Cale.
—Mmm.
—¿Hablas en serio?
Cale la miró con una calma casi inexplicable para alguien que acababa de plantear algo tan importante.
—Nunca bromeo con esas cosas.
Lydia