—¿Así que esta es la última unidad disponible en el piso veinte? —preguntó el hombre desde el otro lado de la mesa. Cerró la carpeta con el folleto del proyecto que acababan de revisar.
—Así es —respondió Lydia con calma. Estaba sentada muy derecha, con las manos entrelazadas sobre la mesa de reuniones—. La unidad tiene vista directa a la bahía. Por eso cuesta un poco más que las unidades del otro lado.
El hombre asintió despacio, sin terminar de decidirse.
—¿Y el acceso a las instalaciones? —pr