Eli se secó la cara de prisa antes de responder.
—Adelante.
Gia entró con un termo de agua caliente. En cuanto vio la cara de Eli, supo que la niña había vuelto a llorar. Aun así, no pareció sorprenderse.
—¿Cómo se siente? —preguntó con dulzura. Dejó el termo sobre la mesa y añadió en voz baja—: No pasa nada por llorar, señorita.
Eli agachó la cabeza enseguida.
—No estaba...
Gia sonrió apenas.
—No tiene por qué avergonzarse. Yo también lloro cuando estoy triste.
Eli no respondió. Se quedó mirand