—Sí —respondió Cale—. Así es él, ¿no? Habla como si fuera más listo que todos. Todavía cree que le queda una carta bajo la manga… y que vamos a caer de lleno en su trampa.
Harold dejó escapar una risa breve, tensa y dolorosa.
—Sí me queda una.
Chris se acercó.
—Ya no.
Uno de los guardias trajo otra silla y la colocó frente a Harold. Chris se sentó sin titubear; luego estiró la mano, le agarró la cara y le apretó la mandíbula con fuerza.
—Arrestaron a Bret —dijo Chris con dureza—. Y no va a salir