—¡Maldita sea! —Selena se pasó los dedos por el cabello por lo que ya sentía como la centésima vez. El celular con el que llamaba a Harold, o con el que intentaba devolverle la llamada que Bret había cortado, voló hasta el centro de la cama.
Desde que Bret cortó la llamada, la inquietud y el terror no habían dejado de crecer dentro de ella. Por alguna razón, esa llamada le había sonado a advertencia.
Pero… ¿de qué quería advertirle?
Seguía creyendo que Harold la contactaría pronto. No tenía otra