En el pabellón del ala derecha reinaba mucha más calma que en la casa principal. Felicia estaba junto al ventanal, de brazos cruzados, y no dejaba de caminar de un lado a otro. Cada pocos segundos negaba, sin poder ocultar su fastidio.
Mientras Felicia daba vueltas, Althea fue a la cocina a preparar té de limón. Estaba segura de que Nathan y Riana no tardarían en reunirse con ellas.
—No lo entiendo —murmuró Felicia—. ¿Cómo pudieron dejar que una mujer como Selena entrara en esta casa?
Althea dej