—No —respondió Cale con calma—. Pero sus intenciones eran dudosas.
Althea apretó los puños. —¿Quién es? —Le devolvió el teléfono a Cale.
Cale echó un vistazo al teléfono, que ya mostraba la pantalla de inicio, antes de contestar.
—Un periodista. Bastante conocido. Ha escrito varios artículos contra Daven.
Felicia suspiró.
—¿Así que vino a sacar algo nuevo para publicar?
—Eso parece —dijo Cale—. La seguridad lo detuvo antes de que pudiera avanzar más.
Althea no lograba entender cómo alguien podía