Althea sonrió apenas y le acarició la mano a su hijo. El gesto bastó para que Josh se contuviera antes de volver a sentarse, con la mandíbula apretada.
Entonces Althea miró directamente a Selena.
—Los problemas de mi esposo no son asunto tuyo.
—¿Acaso no somos familia ahora? —respondió Selena enseguida—. Creí que debíamos ser sinceras entre nosotras.
—¿Y a esto le llamas honestidad? —preguntó Althea con dureza.
Felicia miró a Selena con franco desagrado.
—No creo que sea un tema apropiado, mucho