En cuanto Selena entró a la sala principal, la calidez del lugar se apagó.
Selena cruzó la mirada con Althea, que estaba sentada con calma en el sofá, la espalda cómodamente apoyada, mientras tomaba té de limón y probaba los bocadillos ligeros dispuestos frente a ella. Al cruzar miradas, Althea dejó la taza sobre la mesa. La sonrisa que le quedaba se borró.
No hubo ningún recibimiento. Ni siquiera había el menor asomo de curiosidad por saber cómo había llegado Selena a esa casa.
“Ah... ¿Althea y