—Estoy bien —respondió Eli enseguida—. El doctor dijo que puedo irme a casa esta tarde. Solo quería asegurarme de que tú también estés bien, abuela.
Riana sonrió con suavidad y su tono se ablandó.
—Gracias por llamar para saber de mí. Estoy bien. Hoy fuiste muy valiente.
—Ah... fue solo un reflejo —dijo Eli en voz baja—. Tenía miedo de que te pasara algo.
Althea miró a Riana y notó el cambio en su expresión. Ahí no había fingimiento, solo sinceridad.
—¿Ya comiste? —preguntó Riana.
—Todavía no —c