—Gracias —dijo Althea con frialdad, con una voz calmada.
Las palabras iban dirigidas a Daven, quien había insistido en ayudarla. Lena la seguía en silencio mientras la acompañaba a la puerta principal. Daven cargaba una de las maletas sin decir nada; no había pronunciado palabra desde la escena que se había desatado en el comedor, un caos provocado por su propia madre.
—Yo te llevo —dijo Daven por fin.
Althea negó con firmeza.
—No será necesario. Deberías concentrarte en tu trabajo; estoy segu