Esa mañana, el cielo sobre Aethelis tenía un tono gris apagado cuando el auto negro de Chase se detuvo frente al imponente edificio del Grupo Callister. El aire era cortante y frío, pero el peso que sentía en el pecho no tenía nada que ver con el clima: venía de los pensamientos que lo habían acompañado durante toda la última semana.
Aun así, había un pequeño alivio en saber que pronto pasaría a recoger a Josh. El niño había pasado el resto de sus vacaciones escolares en la casa de Daven y, aunq