Esa mañana, el aeropuerto bullía de movimiento, y aun así había una calidez tranquila. La luz del sol entraba por la ventana y derramaba su destello dorado sobre el piso. Althea sostenía con fuerza la mano de Chase, mientras que, a su otro lado, Josh caminaba a pasitos cortos, aferrado a su robot amarillo favorito.
—Todavía no puedo creer que ustedes dos se vayan hoy —dijo Riana Miller con una sonrisa nostálgica, paseando la mirada entre Althea y Chase—. Siento que se casaron apenas ayer… y ya s