En las afueras de Aethelis, a cientos de kilómetros del Hospital de Aethelis.
La vieja bodega permanecía en silencio, iluminada apenas por una bombilla tenue que parpadeaba. La humedad cargaba con la podredumbre del lugar, hierro oxidado y el humo acre de los puros que aún se aferraba a las vigas. Los alrededores del edificio eran igual de desolados: el lugar perfecto para cualquiera que quisiera mantenerse oculto sin llamar la atención.
Pero esa seguridad se hizo añicos al amanecer. El frío de