—Ojalá podamos vernos otra vez. —Daven se agachó a la altura de Josh, con esos ojos azules llenos de la renuencia que solo un padre puede sentir. ¿Quién querría separarse de su hijo?
—Yo también. —Josh sonrió de oreja a oreja—. Gracias por enseñarme tu oficina tan genial, señor Guapo.
—Por supuesto. Cuando quieras venir, mi puerta siempre va a estar abierta.
Josh se rio y su risa iluminó el aire pesado. Entonces vio a su mamá acercarse y agitó la mano con entusiasmo.
—¡Mami!
Daven se incorporó y