El arrepentimiento se le clavó como espinas en el corazón. Si pudiera regresar el tiempo, jamás la habría dejado ir. Jamás habría descartado a Althea con tanta facilidad, jamás habría permitido que quedara aplastada bajo la sombra de su obsesión por otra mujer. Pero el tiempo no se doblegaba. Y lo único que tenía ahora era la amarga verdad: él mismo cavó ese abismo.
Daven respiró hondo y cerró los ojos un momento. Comprendió con claridad cruel: quizá esto era el destino. Quizá debía aceptar que