—Entonces... sabes qué hacer, ¿no? —preguntó Chris, mirando a Josh de reojo.
El niño a su lado sonrió de oreja a oreja.
—Por supuesto. No voy a decirle a nadie que pasamos todo ese rato en los videojuegos. Ni que comimos hamburguesas, luego helado, pizza y... refresco.
Chris se rio.
—Eres un buen recordatorio en miniatura.
—Pero tío Chris —Josh lo miró fijamente—, ¿mami está en casa de la abuelita? Está preparando la cena, ¿no?
—Todavía no, Josh. —Chris le revolvió el cabello con cariño—. No te