Chase salió del restaurante a paso largo y urgente hacia el auto que había estacionado en el sótano. Mantuvo el teléfono pegado al oído mientras hablaba con voz baja y firme, intentando calmar el pánico de Althea. Entendía por qué estaba perdiendo la compostura; él sentía la misma conmoción.
La noticia sobre Lydia lo había tomado desprevenido. La conocía bien: había pasado incontables horas con Althea y Josh, y había sido un apoyo silencioso pero constante en sus esfuerzos por acercarse a Althea