—El alcalde Harold lo invitó a cenar, señor Daven —dijo Arven cuando ya iban camino al edificio del Grupo TnC en el centro de la ciudad—. Como usted indicó, le informé de su llegada a Solaviz esta tarde.
Daven asintió brevemente, sin darle mayor importancia. Podía confiar en Arven para ciertos asuntos, sobre todo ahora que estaba empezando a sentar las bases de un nuevo proyecto en Solaviz.
El trayecto hasta el Grupo TnC resultó sorprendentemente fluido. Las calles, aunque llenas de actividad, n