Cuando llegaron a «The Fred’s» ya eran las 6:02 p. m.
Tony apagó el motor del coche y se giró hacia Lily solo para ver que le temblaban las manos y que tenía el rostro pálido como si acabara de ver un fantasma.
—¿Lily? —la llamó, pero su mente estaba muy lejos.
—¡Lily! —la llamó de nuevo, esta vez más fuerte, y también la tocó.
Por suerte, ella volvió en sí de golpe, parpadeando varias veces.
—S... ¿sí? —tartamudeó con el miedo escrito por todo el rostro.
Tony entendió que estaba preocupada y n