«Capítulo decimoquinto»
Esos días transcurrían de una forma tranquila cuando subí a la torre, a mi cueva, donde realizaba mis rituales. Saqué el espejo y muy suave, espere a ver a mi madre que no llegaba.
Se me congelaban un poco los dedos al ver que no me responden los espitirus. Cuando veo a mi demonio reflejado en el espejo. Está enojado. —Es hora, Anna. Debes vengar a tus ancestros.
No lo deseo. Si lo hago, Velkan me odiará y eso no puede ocurrir. Yo lo quiero.
—Anna, si no lo haces habrá gr