Dayana
Vargas y Milena tenían el turno nocturno en el cuartel. Dante y yo esperábamos la llegada de los muchachos para atender a la joven que venía herida. El resto se fue a dormir.
—No tenías que quedarte.
—Espero sea una broma tu comentario. Soy el capitán de este barco.
Me abrazó por la espalda, estábamos en la enfermería, besó mi cuello y automáticamente mi piel reaccionó a sus caricias. No tenía remedio, me mordí el labio. Deseaba tanto estar a solas con él. Así mañana vuelva a quedar infl