Dayana
Vargas y Milena tenían el turno nocturno en el cuartel. Dante y yo esperábamos la llegada de los muchachos para atender a la joven que venía herida. El resto se fue a dormir.
—No tenías que quedarte.
—Espero sea una broma tu comentario. Soy el capitán de este barco.
Me abrazó por la espalda, estábamos en la enfermería, besó mi cuello y automáticamente mi piel reaccionó a sus caricias. No tenía remedio, me mordí el labio. Deseaba tanto estar a solas con él. Así mañana vuelva a quedar inflamada, me perderé en la pasión que me hacía arder.
» ¿De qué te ríes?
—De lo necesitada que estoy de ti.
Me giré, alzó una de sus cejas, su mirada se tornó oscura. Rodeó mi cintura y fue bajando hasta apretar mis nalgas. Besar a Dante era recibir una ráfaga de pasión en milésimas de segundos. Me alzó y, sin pensarlo, lo rodeé con mis piernas; mi sexo quedó pegado al suyo.
—Ahora que uses faldas, será mucho más fácil.
—¿Es una sugerencia?
—De tener una puesta, ahora mismo estuviera corriendo tu p