Demetrio.
Lo que acababan de hacerme se lo iba a cobrar a cada uno. Esas grandísimas gonorreas me las pagarán. Tenía media hora de estar recibiendo fotos de Anastasia sin su rostro; lo hacían porque sabían que tenía varios días sin fornicar. También porque me jodieron mi noche de sexo y porque este traje era muy apretado y mi íntimo amigo estaba resentido.
¿Y cómo no?, después de que esa boca caliente y deliciosa lo acariciara, ahora se encontraba comprimido en un traje antibala. Con esas fotos casi no se me bajaba la verga. Llegué al hotel, apagué la moto, ahora debía buscar a una mujer con un cuerpo apetecible de la que no recordaba el rostro…
Mierda, sé sincero, no lo reparé. El traje lo tenía debajo de la ropa sin activar el cubrir las manos, y la capucha en el bolsillo del jean. Volvió a sonar el celular anunciando mensajes y no voy a verlos. Esos hijos de… mis tías. Me la van a pagar. Ingresé al hotel, activé el audio que tenía incrustado en mi oído.
—Cuñado jefe. —Imagino la ca