Demetrio
Llevaban dos horas hablando en ese bar restaurante en Blanco. Estábamos en la mira del enemigo y ese idiota japonés la trajo a un lugar donde pueden ser blancos fáciles. ¡A la mierda con la espera! Además, ya tenía hambre. Bajé de la camioneta. Ingresé al establecimiento y los dos se reían de lo más lindo. «Esto me lo tenía merecido por marica y pendejo».
Me senté frente a ella y miré al japonesito. El hombre alzó la ceja. Estaba cansado de llamar a Kelebek y que sus palabras fueran fr