Sun-Hee
Lo veía y no lo podía comprender. Mi temor comenzó a aumentar y algo dentro de mi alma solo gritaba. No permitas que te lleven de su lado, así no seamos nada. Esos ojos azules me gritaban. Miré a mi madre.
—¿Te prestaste para esto? —No dijo nada, su mirada fue determinante.
—Somos una dinastía y debes cumplir con tu legado.
—¡No me toques! —Me alejé de ellos—. Él te dijo cómo mi hermano me vendió ante el hijo de ese italiano.
—No digas tonterías, Sun-Hee, tu hermano es un hijo ejemplar.