A las diez de la noche el penthouse olía a café solo y a la ausencia de alguien.
Liam sabía reconocer esa clase de ausencia. No era el vacío genérico de un apartamento sin ocupar, sino el hueco exacto que deja una presencia cuando ha organizado un espacio durante demasiado tiempo. Los cojines del sofá seguían en el mismo ángulo. La taza favorita de Alice continuaba en el armario de la derecha, porque ella ponía las tazas a la derecha y Liam a la izquierda, y en algún punto del matrimonio habían