Alice no respondió en el corredor. Después de oír a Liam decir que entraría cuando ella entrara, hizo lo único que podía hacer sin romper la medida exacta de ese instante: caminó hacia el ascensor. Liam entendió. Caminó a su lado con una distancia mínima y correcta, la suficiente para que el gesto fuera público sin volverse exhibición. Cuando las puertas se abrieron, Alice entró primero. Liam entró después.
Cuarenta minutos más tarde, el Brickell Grand los recibió con su luz dorada, sus lámparas