El eco del Brickell Grand seguía instalado en Alice cuando Max despertó poco antes de las siete. La noche anterior había dejado rastros en lugares distintos del cuerpo: en la memoria de la mesa, en la copa de burdeos que no terminó, en la voz baja de Liam diciendo que estaba allí sin pedirle nada todavía. También en el modo en que ella había sostenido su mirada después de preguntarle qué quería de ella, como si una parte de la respuesta hubiera llegado antes de que Liam hablara.
Entró a la 114 s