La respuesta de Liam, completa, decía: Martes. Cuatro. Estaré ahí. La misma estructura de la primera respuesta. Estaré ahí. Solo que ahora había fecha. Y hora.
Alice la leyó a las cinco y cuarenta y siete de la tarde del jueves, con el despacho en su luz de cierre, Max ya en la habitación 114 con la niñera y el hotel haciendo esos ruidos de transición entre la tarde y la noche: ascensores más lentos, voces más bajas, pasos que ya no corrían hacia reuniones sino hacia salidas. Martes. Cuatro. Est