Hale habló durante cuatro minutos.
Alice lo escuchó con esa paciencia específica de quien ya sabe lo que el otro va a decir y entiende que anticiparlo no ahorra esfuerzo, lo multiplica. Porque escuchar algo esperado exige más control que escuchar una sorpresa.
Hale quería reunirse el domingo.
Un día antes del consejo.
Para aclarar posiciones, dijo. Para asegurarse de que la reunión del lunes no fuera confrontacional, sino productiva. Para explorar si todavía había terreno común.
Terreno común.