El teléfono de Sophie llevaba cuatro horas sin sonar de la forma que ella necesitaba.
Había sonado de otras formas. Conocidas del circuito de Brickell con el tono cuidadoso de quien pregunta aunque ya sabe. Un periodista de otra publicación que marcó el número equivocado, dijo, aunque Sophie había aprendido suficiente de ese mundo como para saber que los periodistas no marcaban números equivocados. Una notificación que no abrió pero cuya miniatura bastó.
Liam no había llamado.
Eso era lo que el