Lo peor no era enterarse.
Lo peor era no saber exactamente de qué.
Davies llamó a las seis y cincuenta y tres, cuando Miami entraba en esa hora en que la ciudad parece más rica de lo que es y más indecente de lo que admite. Liam estaba todavía en la oficina de Walton Corp, con la chaqueta puesta y la pantalla abierta en tres documentos que llevaba veinte minutos fingiendo leer.
Vio el nombre en la pantalla.
Contestó al primer tono.
—Davies.
—Señor Walton. Creo que querrá saber esto ahora.
Liam g