Victoria Chen llegó al Hotel Miller con una carpeta blanca y una sonrisa que había sido diseñada, durante años, para no pedir permiso.
Alice la vio desde el despacho del cuarto piso antes de que Eduardo la anunciara. No la reconoció por el rostro, sino por la forma de caminar: esa seguridad educada de quienes están acostumbrados a entrar en lugares que no les pertenecen y comportarse como si el permiso fuera una formalidad que otros necesitaban pero ellos, no. Traje marfil impecable. Cabello osc