26. Sombra del Desierto
—¿Qué quieres decir con que ha escapado? —preguntó Alexander, su voz grave pero contenida.
—Mi señor... la habitación está vacía. Creemos que alguien la ayudó a escapar —balbuceó el guardia, sudando bajo la mirada intensa del príncipe.
La calma habitual de Alexander se desmoronó en un instante. Su rostro se tensó, y una sombra de ira oscureció sus ojos. El heredero al trono no era conocido por su paciencia, y la idea de que Celeste, la mujer que había osado robar su proyecto, hubiera escapado b