Seguí el jeep que transportaba a Leo, Marcel y Theodore al hospital.
Sylvester se había montado en el asiento del copiloto y Amelia se quedó en la parte de atrás, en silencio. La miraba de vez en cuando por el retrovisor, se veía asustada y muy preocupada, tal vez nunca le había pasado algo así.
Esperaba que Leo estuviera a salvo, porque si sus heridas no fueran tan terribles, habría despertado cuando los encontramos.
El camino hasta la ciudad tomó casi cuarenta minutos antes de que finalmente l