Tamia me sostenía, abrazándome de lado.
Llegamos a la habitación y ella me ayudó a desvestirme. Me recosté completamente en la cama, sumido en la agonía, sintiendo que iba a morir. Knight estaba más loco que una cabra en ese momento.
Escuché a Tamia murmurar algo, pero no pude prestarle atención. El dolor era cegador, y me sentía agotado. Entendí por qué la gente le temía a el rechazo; el dolor era insoportablemente intenso, solté quejido tras quejido hasta que todo se volvió oscuro.
Desper