Diez de la noche.
Aitana salió de la ducha y se cambió a un conjunto de seda, sintiéndose cómoda y relajada. Sentada frente al tocador, aplicaba sus productos de cuidado facial.
En la entrada sonó repentinamente un leve ruido.
—Como una llave entrando en la cerradura.
Cuando Aitana se disponía a ir al salón para investigar, el visitante inesperado ya había entrado sin permiso. No era otro que Damián.
Aitana volvió a sentarse en la silla del tocador, observando silenciosamente al hombre a través