El escándalo de Lía llegó a oídos de los Uribe.
En la noche, Alejandro llamó a Fernando y su esposa para reprenderlos:
—¡Esa tal Lía, se ve que está obsesionada! Miren, haciendo algo tan indecoroso.
La señora Uribe intentó defenderlo:
—A Damián no le gusta ella.
Alejandro sonrió con frialdad:
—¿Y esa que le gusta, no salió del mismo vientre que esta obsesionada? Me parece que tampoco es buena persona.
La señora Uribe no se atrevió a decir más.
Alejandro, con un gesto de su mano, les ordenó que s