Después de casarse, Aitana dejó de usar vestidos blancos y los cambió por fríos trajes sastre. Acompañaba a Damián a diversos eventos de negocios, convirtiéndose en la nuera perfecta de los Uribe.
Damián permanecía en silencio.
Alejandro, con su sabiduría, pensó que aún podía salvar a su nieto: —Damián, ¡piénsalo bien! El amor no es un activo fijo que permanece inmóvil. El corazón humano puede cambiar.
Damián apretó los dientes: —Sus enseñanzas son correctas.
Alejandro volvió a irritarse: —Leván