Capítulo 64
La noche cayó y a las siete, el coche de Damián llegó a la mansión de los Uribe.

Cuando el vehículo se detuvo, el asistente de Alejandro se acercó para abrirle la puerta, comentando con una sonrisa: —¡Don Alejandro está realmente furioso! Señorito Damián, tendrá que ser comprensivo y no echar más leña al fuego.

Damián bajó del coche, cerró la puerta y siguió al hombre.

Alejandro lo recibió en su estudio.

En aquel espacio de antiguo sándalo, bajo la tenue luz de las velas, apenas Damián entró, Al
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