No se resignaba, no podía aceptarlo.
***
Al anochecer, Samuel regresó a casa.
Diana ya estaba dormida, Nadia lo esperaba sentada en el salón, con una empleada acompañándola que tejía un suéter para niños.
Samuel entró y puso una bolsa sobre la mesa de centro.
Nadia la tomó, la abrió para ver, debía ser ropa para Diana.
Miró a su hijo.
Samuel dijo con tono indiferente: —Me encontré con Esmeralda, dice que quiere ver a Diana, la rechacé.
Nadia puso la ropa de vuelta, pensó cuidadosamente y dijo: —