La noche estaba muy silenciosa.
Luis permanecía inmóvil en el regazo de la mujer.
En el aire del dormitorio flotaba un aroma dulce, ese era el olor azucarado de sus dos hijos, mientras ellos se habían vuelto extraños.
No pudo evitar pensar que si hubiera ido a Inglaterra ese día, tal vez todo habría sido diferente.
Al menos habría estado con ella esos años, no se habría perdido el nacimiento y el crecimiento de los niños. Se había perdido demasiado, demasiado, pero lo que más lamentaba en lo pro