Los ojos de Lucas se humedecieron, palmeó el hombro de esa persona:
—Entonces tengo que agradecer a Damián.
Compuso su expresión, miró el sol que gradualmente se alzaba en el horizonte y gritó:
—¡Partamos!
El sol brillante reflejaba su figura, alta y erguida, el uniforme de rescate envolvía sus piernas esbeltas, caminando hacia la dirección del mar.
Entre la multitud, Susana lo encontró fácilmente, le gritó fuertemente:
—¡Lucas, ten cuidado!
El hombre no volteó, solo levantó la mano y agitó lige