Cuando Aitana entró, Jorge y Zarina se sobresaltaron.
En esa situación, cualquiera podía adivinar que entre ambos existía un pasado.
El viento nocturno soplaba intensamente.
La brisa levantaba las puntas del cabello de Jorge y agitaba el elegante vestido de Zarina, rozando suavemente el brazo de Aitana, con la textura delicada y suave de la seda...
Tras un momento de silencio, Zarina habló con voz seca: —Me siento algo indispuesta, señora Uribe, ¿podría acompañarme adentro para descansar un poco