Capítulo 40
Cuando Aitana entró, Jorge y Zarina se sobresaltaron.

En esa situación, cualquiera podía adivinar que entre ambos existía un pasado.

El viento nocturno soplaba intensamente.

La brisa levantaba las puntas del cabello de Jorge y agitaba el elegante vestido de Zarina, rozando suavemente el brazo de Aitana, con la textura delicada y suave de la seda...

Tras un momento de silencio, Zarina habló con voz seca: —Me siento algo indispuesta, señora Uribe, ¿podría acompañarme adentro para descansar un poco
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