Lía intentó acercarse, pero Victoria la detuvo.
Victoria le advirtió en voz baja: —Este no es lugar para tus celos. Lía, debes saber distinguir las circunstancias.
Lía se quedó paralizada, con lágrimas acumulándose en sus ojos.
Anhelaba la atención de Damián, pero él ni siquiera la miraba. Llevaba a su esposa de la mano mientras saludaba a los esposos Leonardo: —Leonardo, Zarina.
Leonardo, con más de cincuenta años y muy elegante, comentó: —Qué afortunado eres, Damián.
La belleza de la esposa, e